
DEIA, 16/10/2002
La diosa de la discordia Joaquín Navarro Estevan
Ahora es cuando las cosas van bien en la justicia española. O, lo que es lo mismo, en su buque-insignia, como dijo el más longevo de los presidentes de la Audiencia Nacional. Si no hubiese existido ‘‘El Negro’’, se lo habrían inventado. Pero existía, estaba en prisión preventiva y los magistrados de la Sección Cuarta de lo Penal creyeron normal lo que siempre había sido normal: ponerlo en libertad bajo fianza. Sin saberlo, habían puesto sus cabezas en la guillotina judicial. Se les llamó de todo prevaricadores, cohechados, truhanes, etc. y se decidió contra ellos un sumario y un expediente disciplinario.
Nada de eso podía prosperar en un Estado garantista. Tardó el Supremo en decidir la lentitud de la agonía es placer de dioses pero archivó finalmente. Ya se sabía que el inspector del expediente había visto una falta muy grave en la conducta de los pesquisidores que liberaron a ‘‘El Negro’’. Desatención. No atendieron suficientemente la gravedad del tema, sus perfiles y circunstancias. Mientras la cosa se tramitaba con despaciosidad celtibérica, el presidente y un magistrado de la Sección ya se habían ido a otros destinos. Ahora, con dos nuevos magistrados entre ellos el flamante presidente Bermúdez la Sección deja corto y tímido a Garzón.
Destacan los brunetes con júbilo, gozo y fulgor de risa alquitranada el aval que la resolución de la Sección supone para el garzonita. No sólo confirma el auto suspensorio. Va más allá. Dice que está probado no hacen públicas las pruebas que Batasuna está a las órdenes de ETA y forma parte de ETA. Dicen también, con la frialdad y la serenidad que estas cosas requieren, que había varios imputados de Batasuna y que, por tanto, las críticas venenosas que se hacían contra el garzonita eran fabuladas. ¿Qué imputados? Desde luego, ningún dirigente, ningún miembro de la Mesa Nacional de Batasuna.
Sigue, por tanto, cojo e inane el Auto. Pero ya está respaldado por un tribunal al que dicen los brunetes hay que reconocer independencia plena. ¿También en ‘‘cuestiones de Estado’’? La reacción de Aznar ha sido momentánea. Ha mostrado su alegría por la resolución de Sección tan renovada y la ha puesto como ejemplo del acierto de don Garzón. Cuestiones de Estado. Cuando se oye la afirmación en círculos judiciales es para que se estremezca el ánima. No hay otra forma de considerar judicialmente una cuestión de Estado que aplicando las dosis precisas de razón de Estado. ¿Por qué tratar como amigo al enemigo?
Pero esto requiere muchos avales mediáticos, no vaya a ser que, a la postre, se descubra el pastel y resulte que el abuelo no es el abuelo sino la abuela con bigote, que no es lo mismo, como asegura el proverbio ruso. Así, uno de los más grandes rotativos madrileños destacaba que el hecho de que los imputados de HB sean de segunda fila no importa nada, pues los principales sólo se conocen una vez "descorrido el velo" que oculta la verdadera actividad de la organización. ¿Pero no quedábamos en que Batasuna está a las órdenes de ETA y es también ETA?, ¿qué velo más por descorrer?, ¿será como la danza de los siete velos?.
Estas desventuras de nuestra justicia tienen consecuencias atroces en la conciencia popular. Antes parecía normal que el Tribunal de Orden Público cumpliese con las funciones para las que fue creado. En la dictadura, a nadie podía extrañar que alguien fuese a la cárcel por manifestar públicamente ideas contrarias al Caudillo. A nadie podía sorprender la persecución de separatistas, comunistas, anarquistas y demás mala simiente. Pero ¿cómo explicarlo ahora?, ¿cómo explicar que un juez instructor puede suspender, contra la letra y el espíritu de la Constitución, a una organización política parlamentaria? ¿cómo explicar que el Constitucional permanezca ajeno a una cuestión que afecta directamente al pluralismo político, valor superior de nuestro ordenamiento jurídico?
Pelillos a la mar. Lo que vale es el espíritu perenne de la patria común e indivisible. Lo que vale es que la maxibandera rojigualda, sobre su macromástil colombino, reciba honores militares, como corresponde, al son de la marcha de granaderos. Como símbolo de la integridad de la patria, amenazada por delirios y ensoñaciones soberanistas de los de siempre. No es como la Campana de Schiller que, según la costumbre cristiana, fue bautizada con el nombre de concordia. Aquí juega más la Discordia. Era la terrible diosa Eris, que algunos dioses temían y otros odiaban.
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